¿Gajes del oficio?

Ser abogado no es fácil. Cuando uno hace la carrera sueña con demandar a la gaseosa más famosa del mundo por cancerígena o sentar en el banquillo a un dictador impune. Pero finalmente te dedicas a juicios de faltas que se solucionan con un pacto extrajudicial o a casos de divorcio. En esto último me he especializado y debo reconocer que lo hago bastante bien. No me tiembla la mano a la hora de conseguir lo máximo para mi cliente. Supongo que es como todas las profesiones. Si eres músico, sueñas con dar conciertos multitudinarios y vivir en un hotel cinco estrellas, pero terminas tocando en el metro o dando clases a niños. Ser abogado no es fácil —ya lo sé—, pero no es de recibo que tus padres quieran divorciarse. Que los dos soliciten tus servicios. Y que ninguno acepte un “no” por respuesta.


(Relato seleccionado en enero 2011 en el Concurso de microrrelatos de abogados. Se debía construir un relato de 150 palabras con las cinco en negrita.http://www.abogados.es/microrrelatos/historico1.asp?mes=1&ano=2011&ed)

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